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Serafín Martín, Coordinador del Equipo Psicosocial: "Hay familias que se implican con nuestra intervención y otras que se alían con el menor que ha delinquido"

27 de septiembre de 2013

Serafín Martín Corral

Hace 30 años, cuando Serafín Martín Corral comenzó a trabajar en Justicia, los jueces, los fiscales y los abogados no entendían qué podía hacer un psicólogo en los tribunales. Tres décadas después, la labor del Equipo Psicosocial Judicial como órgano auxiliar de la Administración de Justicia está más que justificada y psicólogos, educadores y trabajadores sociales se mueven por los pasillos de los Palacios de Justicia como en su casa.

¿Cómo fueron los comienzos de un psicólogo en el mundo de la Justicia?

Muy duros y complicados. Sobre todo porque se desconocía qué papel y qué funciones podían tener los psicólogos en la Justicia. Además, los primeros casos requerían de mucha dedicación y la autoexigencia era enorme; primero, porque como en toda actividad que empieza desde cero las actuaciones estaban sin protocolizar y segundo, porque, teníamos muchas inseguridades.

¿A qué te dedicabas antes de entrar en el mundo de la Justicia?

He trabajado en el ámbito de la psicología clínica y como profesor de Universidad.

¿Y cómo diste el salto a la Justicia?

Me fui interesando por lo que era la intervención de los psicólogos en la Administración de Justicia y cuando me enteré de la posibilidad de trabajar en ello no lo dudé. Primero estuve como los actuales interinos y luego ya salió la oposición. Esto fue hace más de 30 años y en aquella época no estaba transferida la competencia de Justicia a Euskadi, por lo que tuve que ir a Madrid para superar una oposición estatal.

Y en estos 30 años, ¿qué cambios ha habido en el Equipo Psicosocial?

El servicio ha cambiado muchísimo, como la propia Administración de Justicia. Para que te hagas una idea, el primer gran cambio fue el paso de la máquina de escribir manual a la eléctrica. Fue toda una revolución. Hay que tener en cuenta que antes no había ni fotocopiadoras y las copias se hacían con calcos. Realmente no somos conscientes de lo que se ha transformado la Justicia, de la rapidez y agilidad que hemos ganado en los procedimientos.

Pues precisamente la lentitud de la Justicia es una de las mayores quejas de la ciudadanía.

Pero ahora se trabaja muchísimo más rápido que antes. Otra cuestión es ya que la sociedad al hacerse más compleja, plantea cada vez más denuncias y hay más procedimientos, más número de asuntos… y claro, no tiene nada que ver con las cifras de hace años.

¿Cuáles son vuestros ámbitos de actuación?

Trabajamos todo lo que es la justicia juvenil, es decir, los menores que tienen una denuncia por haber cometido algún tipo de delito. A petición de la Fiscalía de Menores, hacemos los informes sobre la situación personal, familiar, social y educacional de estos jóvenes. También llevamos la mediación penal juvenil; es decir, las resoluciones extrajudiciales de ese tipo de procedimientos. También trabajamos en el ámbito del derecho de familia y protección de menores, en la jurisdicción de familia, y hacemos informes sobre cuestiones como la convivencia, régimen de estancias, protección de menores, acogimiento…

¿Se pierden los usuarios con el lenguaje jurídico?

Siempre intentamos dar las explicaciones en un lenguaje accesible para los ciudadanos. Pero sí que es verdad que la gente a veces viene a nuestras oficinas muy perdida, incluso con temas que no son de nuestra competencia. Además es importante decir que a este servicio únicamente se puede acudir a petición de un Juez o Jueza. No cabe que una persona venga directamente a nosotros a solicitar orientación.

¿Cuál es la parte más dura de tu trabajo?

Cuando hablamos de víctimas y menores son siempre cuestiones muy delicadas y duras, porque se trata de víctimas de abusos, de maltratos… Hay que tener en cuenta que por ejemplo cuando un divorcio llega al Equipo Psicosocial es precisamente porque no ha habido acuerdo de ningún tipo y suelen ser casos de familias con conflictos irresueltos y con disputas muy grandes por detrás. Pero para eso estamos preparados. Nuestra labor profesional está ligada a este tipo de situaciones, por eso la formación que recibimos nos prepara para afrontar estas cosas.

¿Y cuáles son los momentos más satisfactorios?

La humanización de la Administración de Justicia es lo más gratificante de mi labor al frente del Equipo Psicosocial. Cuando a través de nuestra intervención conseguimos tranquilizar al ciudadano y disminuir su ansiedad en un procedimiento judicial. También me enorgullezco cuando conseguimos que un conflicto se solucione a través de la mediación penal juvenil y cuando los conflictos de familia se minimizan o los progenitores llegan a acuerdos tras alguna actuación de los profesionales del Equipo Psicosocial.

Es decir, cuando se consiguen arreglar los problemas entre ellos.

Eso es. Cuando las partes asumen un mayor protagonismo y alcanzan una solución extrajudicial siempre es más gratificante que cuando hay una delegación completa para que un tercero resuelva ese conflicto.

Cuando un menor es capaz de reconocer el daño que ha causado a una víctima, cuando es capaz de pedir disculpas y cuando hay una predisposición a reparar ese daño que ha causado son momentos muy gratificantes; del mismo modo que cuando una madre y un padre pueden dejar al margen sus problemas de pareja y centrarse en las necesidades e intereses de sus hijos.

Cuando tienes que hacer un informe sobre un menor que ha cometido un delito ¿contáis con el apoyo de la familia?

Naturalmente. Cuando exploramos a un menor exploramos también a la familia. De hecho, es obligatorio que acudan siempre acompañados por familiares. Y en este ámbito hay de todo. Hay familias implicadas muy activamente en la educación de sus hijos y que se anticipan incluso a tomar medidas correctoras y luego hay otros tipos de familia que se implican menos, o que sobreprotegen o que incluso se alían con el menor frente a cualquier tipo de intervención externa.

 ¿Es posible desconectar de este trabajo cuando llegas a casa?

Sí, porque como profesional de la Psicología disponemos de herramientas para poner límites. Porque una cosa es examinar los asuntos durante un tiempo y otra cosa es quedarte con ellos permanentemente. A veces, es necesario hasta desconectar de otra manera, con vacaciones o incluso pidiendo un permiso.

Y en casa con la familia ¿también acabas haciendo de mediador?

¡No! Se trabaja profesionalmente con los temas que tienes que trabajar profesionalmente. Con el resto de los temas, uno los vive, lo actúa y se comporta como una persona más.

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