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Jorge Bermúdez, Fiscal Delegado de Delitos Informáticos: "La imaginación es indispensable en este trabajo"

08 de abril de 2014

Jorge Bermúdez, Fiscal Delegado de Delitos Informáticos:

Jorge Bermúdez es Donostiarra y ejerce de Fiscal Delegado de Delitos Informáticos en Gipuzkoa. Aficionado a la informática desde joven, opina que el ejercicio de su profesión exige un esfuerzo extra a la hora de encajar los diferentes tipos de delitos dentro de la ley, ya que trabajan con una Ley –la de Enjuiciamiento Criminal- que no acaba de actualizarse, y que no contempla, entre otras, el correo electrónico o el WhatsApp.

¿Cómo llegaste a ser fiscal?

Cuando me tocó elegir carrera universitaria, tuve Derecho en una mano e Informática en la otra, y finalmente me di cuenta de que soy más de letras. Me gustan las ciencias, me apasionan, pero pienso que mi cabeza está más estructurada para almacenar datos y para el discurso que para pensar como un científico. Así que hice la licenciatura y después de acabar la carrera, y ante la carencia de salidas profesionales, me presenté a las oposiciones.

¿Había alguna razón en especial por la que querías ser fiscal?

La mayoría de la gente no entiende por qué quería ser fiscal, lo que es lo máximo parece que es ser juez, pero a mí me gusta tomar partido; eso sí, dentro de una imparcialidad que tenemos como funcionarios -no me puedo guiar por motivaciones personales-. Pero una vez que considero que una persona es culpable de unos hechos, me gusta acusar. No va conmigo lo de quedarme sentado y limitarme a decidir si lo es o no lo es, en base a lo que me digan las partes: yo prefiero ser una de ellas.

¿Esperabas acabar siendo fiscal de delitos informáticos? 

En 2007, Fernando Herrero-Tejedor -el primer fiscal del Tribunal Supremo encargado de los delitos informáticos-  encomendó la creación de un servicio de criminalidad informática. Yo entonces estaba en prácticas, había aprobado la oposición y estaba en la fiscalía de Santander. Estaba todo el día preguntando sobre delitos informáticos, porque me interesaba y creía que no estábamos al día… Un día me encontré con un fiscal ya ejerciente que me planteó una duda sobre un asunto de estafa bancaria a través de internet  y  yo le di mi opinión; me dijo que de todas maneras llamaría a delitos económicos para que se lo aclarasen. Allí le dijeron que ya había un fiscal del Supremo que estaba organizando un servicio de criminalidad informática. Llamó, y Fernando Herrero-Tejedor le dijo que todavía estaba organizando la estructura y que le faltaba gente; que de hecho, estaba buscando a un chico de prácticas que le habían dicho que estaba todo el día preguntando por estas cosas y al que le interesa mucho el tema. Y el fiscal de Santander le contestó: “¡Acabo de tomar café con él! Pues dale mi número y que me llame” –contestó Herrero-Tejedor. Llamé, y hasta hoy. 

¿Qué tipo de conocimientos informáticos se necesitan para ejercer el cargo?

Hay un poco de mito sobre esto. Yo en ese sentido procuro ser un usuario avanzado, pero no tengo porqué saber programar, no tengo porqué saber desmontar un ordenador y volverlo a montar, aunque luego por afición me guste más o menos. De hecho, una de mis frustraciones es no haber aprendido nunca a programar un ordenador.  Pero tampoco es indispensable. Lo que se necesita es saber más o menos cómo funcionan las herramientas, qué es lo que hacen, más que cómo funcionan por dentro. Y sobre todo, saber traducir eso al lenguaje jurídico. Al final, la tarea de un jurista es encajar unos hechos que suceden en el mundo real en una categoría que está prevista en la ley; y después, aplicarle la consecuencia que viene en la ley.

¿Cómo definías un delito informático?

Delito informático, como tal categoría, no hay. Por eso hay una una Instrucción de la Fiscalía General del Estado que nos dice cuáles son los tres tipos de delitos en los que podemos tener intervención y son los siguientes: los delitos en los que el objetivo o el medio de comisión es un ordenador (por ejemplo el de intrusión), luego aquellos que son delitos ordinarios –de los de toda la vida- pero que se cometen a través de un ordenador (por ejemplo las amenazas que pueda enviar un maltratador a su víctima -a su ex mujer- a través de una red social). Y por último están los delitos  en los que no es una herramienta esencial la informática ni es el objetivo el ataque a un sistema informático, pero el caso tiene cierta complejidad que puede requerir conocimientos especiales.

¿Evoluciona el Código Penal a la misma velocidad que la tecnología?

El Código Penal lo actualizan a golpe de titular: Salen noticias sobre pornografía infantil en los medios, hay un gran revuelo, ellos opinan que es muy preocupante, y  meten algo sobre la pornografía infantil. Pero sobre la usurpación de identidad, por ejemplo, no han hecho nada.

Entonces, ¿las Leyes están obsoletas?

Nuestro problema sobre todo no es el Código Penal, nuestro problema es la Ley de Enjuiciamiento Criminal. En el tema de telecomunicaciones no han parcheado nada desde 1988. Hay un artículo, la mitad del cual está dedicado a la intervención de llamadas telefónicas. Y hay otros tres o cuatro artículos que hablan de la intervención del ¡correo postal! El WhatsApp no es un sms, no es una llamada telefónica, no es un correo electrónico ni una carta, por lo que a la hora de investigar un posible delito y tipificarlo… hay que darle muchas vueltas al asunto.

Es un tema muy complejo, estamos tardando años en llevar la reforma a cabo y vamos a tardar todavía más con el famoso Código Procesal Penal. El ministro de Justicia lo quería sacar adelante esta legislatura,  pero es imposible: los trámites que requiere en el parlamento son muy largos, y lo necesitamos cuanto antes. Estamos  teniendo problemas muy serios.

Por lo que tener ingenio y creatividad a la hora de investigar e imputar delitos es todo un reto para vosotros…

Sí, la verdad es que tengo suerte de ser aficionado a la informática. También tengo otra afición, que aunque pueda resultar extraño, me sirve a la hora de trabajar, y es la ciencia ficción.  

¿Ciencias jurídicas y ciencia ficción son compatibles?

¡Por supuesto! En mi caso la ciencia ficción hace que me plantee ciertas dudas, de hasta dónde puede llegar la privacidad, hasta dónde puede llegar la investigación… de hasta dónde podemos llegar persiguiendo el delito sin convertirnos en una dictadura, en una “benévola” dictadura - que con apariencia de democracia se mete hasta el fondo de la alcoba de la ciudadanía-. Y esto las obras clásicas de la ciencia ficción lo tratan permanentemente: “Un mundo Feliz” –una dictadura “benévola”-, “1984” –trata de una sistema en el que la ciudadanía está  completamente controlada - o “Farenheit 451”, que habla de la evolución de las obras culturales -de los libros que se han de quemar porque causan dolor y hay que atontar a la población con programas de televisión en pantallas gigantes-. Todo eso lo trataron escritores hace ya muchas décadas, y sí, a mi me ayuda bastante porque acaba siendo algo que estimula la imaginación, y la imaginación es indispensable para este tipo de trabajo.

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